Hoy es 12 de octubre, no es necesario que les recuerde qué se conmemora...pero sí quiero contarles algo que sucedió un 12 de octubre de 1936, hace 73 años, cuando se dijo:
¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!
El 12 de octubre de 1936 en Salamanca, sede de la principal Universidad de una España atravesada por una guerra civil destructora, provocada por los militares sublevados, tuvo lugar una tensa e increíble escena protagonizada por el rector de esa casa de estudios, el filósofo don Miguel de Unamuno y un militar, el general José Millán Astray.
Se celebraba el comienzo del Año Académico y el día de la Raza. Estaban presentes en el acto, celebrado en el Parninfo, aparte de Unamuno y Millan Astray, el arzobispo de Salamanca que era catalán (dato esencial en los eventos a sobrevenir), y la esposa de Franco, Carmen Polo.
En un momento dado, un fanático de esos que nunca faltan, un tal Maldonado, que era profesor en la Universidad, dijo:
"¡Catalunya y el País Vasco, el País Vasco y Catalunya, son dos cánceres en el cuerpo de la Nación! El fascismo que es el sanador de España, sabrá como exterminarlos, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos, con un frío bisturí...".
Alguien grita entonces: “¡Viva la Muerte !”... tal vez haya sido el propio Millán Astray, que poco antes había estado en Argentina dando conferencias sobre su experiencia en la Guerra de Marruecos donde había perdido un brazo y un ojo.
Los asistentes, falangistas, católicos y carlistas, tal vez por convicción o simplemente porque el acto les aburría y tenían ganas de provocar, empezaron a gritar contra vascos y catalanes.
Unamuno, honorable caballero vasco e intelectual comprometido, no soportó más esa conducta y poniendose de pie dijo:
"Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso -por llamarlo de algún modo- del profesor Maldonado, que se encuentra entre nosotros. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao. El obispo - dice, y señala al arzobispo de Salamanca-, lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona.
Acabo de oír el grito necrófilo e insensato de «¡Viva la muerte!». Esto me suena lo mismo que «¡Muera la vida!». Y yo, que he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el enojo de quienes no las comprendieron, he de deciros, con autoridad en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. Puesto que fue proclamada en homenaje al último orador, entiendo que fue dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que él mismo es un símbolo de la muerte. ¡Y otra cosa! El general Millán Astray es un inválido. No es preciso decirlo en un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente, hay hoy en día demasiados inválidos. Y pronto habrá más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Millán Astray pueda dictar las normas de psicología de las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, (que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones), un inválido, como dije, que carezca de esa superioridad de espíritu suele sentirse aliviado viendo cómo aumenta el número de mutilados alrededor de él. (...) El general Millán Astray quisiera crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por ello desearía una España mutilada..".
Ante esas sabias palabras del pensador, a Millán Astray lo invade la veta violenta, autoritaria y arrogante, y pronuncia entonces, reiterando, las palabras que lo inscriben en una trágica historia: “¡Muera la inteligencia, viva la muerte!”.
En un intento de calmar los ánimos, el poeta José María Pemán exclama: "¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!".
Pero Unamuno no se había intimidado, pese a hallarse solo, viejo e indefenso. Lo sostenía su valiente dignidad. Continuó hablando pese a la hostilidad del entorno y dijo: "Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. (...) Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión...Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis"
Y concluyó con estas palabras que nos conmueven todavía hoy:
"¡Éste es el templo de la inteligencia! ...Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España".
La esposa de Franco, Carmen Polo, toma del brazo a don Miguel y le acompaña a su casa, rodeados de su guardia personal, lo que evita que el incidente acabe en tragedia.
Ese mismo día, la corporación municipal se reunió de forma secreta y expulsó a Unamuno. El proponente, el concejal Rubio Polo, reclamó su expulsión "...por España, en fin, apuñalada traidoramente por la pseudo-intelectualidad liberal-masónica cuya vida y pensamiento [...] sólo en la voluntad de venganza se mantuvo firme, en todo lo demás fue tornadiza, sinuosa y oscilante, no tuvo criterio, sino pasiones; no asentó afirmaciones, sino propuso dudas corrosivas; quiso conciliar lo inconciliable, el Catolicismo y la Reforma; y fue, añado yo, la envenenadora, la celestina de las inteligencias y las voluntades vírgenes de varias generaciones de escolares en Academias, Ateneos y Universidades".
Sometido a arresto domiciliario, y a censura militar su correspondencia, destituido de todos sus cargos universitarios, Miguel de Unamuno falleció el último día, 31 de diciembre, del trágico año de 1936. Era, según sus amigos, un solitario y un desesperado, lleno de inquietud y pesadumbre por el destino de España.
Pero en aquel día de octubre, un desolador día de la Raza, en un otoño español incierto y temible, en medio de una guerra fratricida, Unamuno se juega defendiendo la vida como valor supremo, y con la vida, el derecho a pensar por sí mismo del pueblo español. Y con ese derecho, una filosofía del jugarse por las causas justas, con riesgo personal considerable.
Una Filosofía (ahora hay que escribirlo con mayúscula) que impugna la violencia, la coacción, la opresión, la "fuerza bruta" de los poderosos, que no tienen de su lado la razón. Una Filosofía que elige el honor y la inteligencia que nos sirve para dignificar ese honor. Una inteligencia despierta, lúcida, crítica, que se sostiene en un mundo caótico, donde la ética se la han apropiado los violentos, que la re-inventan para su propio beneficio. Una Filosofía, que, a la vez que reclama insistentemente su derecho a la crítica, reconoce los propios errores (como públicamente lo hizo el filósofo español) y resignifica sus perspectivas.
La Filosofía, nos muestra Unamuno, no puede defender la muerte. No puede defender los crímenes de guerra, ni el genocidio, ni la injusticia, ni la expoliación, la deshonestidad , la hipocresía, las violaciones de los derechos humanos. La Filosofía no puede aliarse con la muerte, porque si permite que se diga "Viva la Muerte", cae en la paradoja más aterradora que el hombre haya podido pergeñar....esa que no tiene retorno.
(Dedicado al Cuervo, a quien agradezco la inspiración).

Unamuno era un hombre valiente, y un gran escritor, aunque el tono moralista de sus relatos me molesta (bueno, sólo leí La tía Tula), debo reconocer que escribe de puta madre.
ResponderEliminarMaría soy jere me alegra verte incursionando en el blogueo, me encantaron tus poesias!
ResponderEliminarQué fechas infames, este relato que tan bien entrelazas y cuentas me recuerda un poco esa españa del 36... no puedo evitar sentir una afinidad con hermanos que murieron por querer VIVIR sin fronteras. !Y cómo se colectivizavan tierras! Pero esto no convenia al espiritu nacional de los terratenientes. Y Franco fué el dictador a mano para masacrar la desobediencia civil.
Inevitablemente guardo resentimiento a todos los militares, terratenientes, corporativos, y hasta a ciertos proceres como Roca q esta en el billete de 100 en un dibujito en "la conquista del desierto" eufemismo de la matanza de la poblacion indigena para "civilizar".
Esta claro que son ellos los que estan por la muerte en vida de los resignados obedientes. Pero volviendo a las paradojas de don Unamuno, no hay porque polarizar la muerte totalmente negativa o "reactiva" (en el sentido nietzscheano y en el izquierdoso también). La muerte es también la que nos muestra que no le podremos escapar, y por lo tanto debemos seguir decididos como guerreros para hacer florecer y Reverdecer la vida.
Obviamente en el contexto de las asquerosas palabras de Astray, es admirable la incontenible entereza de Unamuno que no pudo callarse y defendio sus paradojas con profundidad heraclítea. Asi que en este caso estoy a su lado. No estoy eso si con el pacifismo, habría que quemar el gobierno.
Querida Maria venus sofía mia, de mi locura hermitañera tragalibros, de mi ironiria transvalorada, ninfa brujezca de mis jardines filosoficos bonovianos, te mando desde aqui y a través de este medio rizomático mis afectos, besos y abrazos, y un Reverdecer sanador para tu salud nena eterna.
PD= Mi blog es algo disperso en el sentido de Serres de dispersion jaja, quizas es denso pero puede que te guste. Hace mucho que no actualizo y tengo que hacerlo pero igual pasate si queres ;)
María:
ResponderEliminarcuando leí las palabras de Unamuno y ese viva la muerte se me puso la piel mde River,viva la muerte es la impotencia del ser humano en su condición de tal.
aguardo su visita y firma a mi blog,
un abrazo!!!
A veces en la vida hay que jugarse a tiempo. Más cuando uno tiene ganada fama que lo convierte al revés de la mayoría de los mortales, en un intocable, o casi, o a lo sumo en un muerto heroico. A Unamuno le pasó lo que a Sábato aquí. Unamuno en julio de 1936 estuvo con el Alzamiento y brindó todo el apoyo que pudo al mismo desde su estratégico cargo de la Universidad de Salamanca. En octubre de ese mismo año, su actuación fue heroica, no tanto por el, sino por la fantochada prepotente y teatral del teatral Millán Astray, pero tardía, muy tardía. Al igual que tardío Ernesto Sábato, cuando su actuación en 1984 al frente de la Conadep,no pudo hacer olvidar su silencio cómplice y por ende avalador de las peores sevicias de la dictadura, frente a Videla
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